Opinión

Carta a mis 29

Nunca me imaginé estar aquí, sentado escribiéndote, Alejandro. ¿Recuerdas cuándo fue la primera vez que escribiste? Debo decirte que, ese fue el único hábito que te quedó, dejaste de armar rompecabezas, tus amigos imaginarios hace años que no los ves -parece que se olvidaron un poco de ti-. ¿Recuerdas cuándo fue la última vez que armaste un rompecabezas? Te contaré un secreto, dejaste de armarlos a los 10.

Pero no todo va tan mal, te explicaré: Te volviste un adulto simpático, alegre, lleno de vida y amor por México, también escribes, tenías un programa de radio y bueno, la creatividad te da de comer, te atreviste a iniciar una pequeña agencia hace años -que no le va tan mal-, trabajaste 5 años en una universidad que, en su momento tus padres no te podían pagar y bueno, debo contarte que, en la prepa no tenías buenas calificaciones -no podías ser becado-.

Fuiste el dolor de cabeza de tus padres, ¿lo sabías? Pero debo contarte un pequeño secreto, fue lo mejor que te pudo pasar, lo mejor que te pudo ocurrir fue que una profesora te dijera en un salón de clases que no servías para nada, que nunca llegarías a nada.  Respira un poco porque tantas declaraciones no son sencillas de digerir, después de que terminaste la secundaria comenzaste a organizar conciertos, lograste traer a bandas de Argentina y comenzaste en la radio a los 15 años. ¡Debes sentirte orgulloso de eso!

Te debo confesar que, llorarás muchísimo, llorarás todo el tiempo, porque desde pequeño fuiste muy emocional, personas muy importantes para tu vida, ya no estarán contigo porque el destino tiene extrañas formas de expresarse. Pero debo decirte que, desde que eras pequeño fuiste muy idealista -no, no has dejado de serlo-, has logrado trabajar con marcas de todo el mundo… ¡De todo el mundo! ¿Escuchaste eso, Ale? ¡Lo lograste!

Has tenido unos 29 años llenos de muchas sonrisas, demasiados fracasos, tragedias pero, mucho, muchísimo amor. Te has atrevido, te atreviste a dejar tu empleo en una universidad por buscar sueños, te atreviste a crear, a divertir a las personas con cada cosa que dices… ¡Pausa! ¿Te conté que ya trabajaste en cine, música, radio, periódicos y creaste estrategias de publicidad que fueron nominadas como “Mejor Campaña del Año” y conociste a personas que nunca pensaste encontrar? ¿No te lo había contado? ¡Has logrado todo lo que te trazaste cuando eras pequeño!

Pero quiero pedirte perdón, te he descuidado un poquito, eso de crecer tiene sus consecuencias, hace mucho que no vamos al teatro, hace mucho que no te sientas a cerrar los ojos en un concierto, ¡lo amabas! ¿lo recuerdas? Perdóname también por no invitarnos de vacaciones de forma recurrente, últimamente sólo has viajado por trabajo… ¡Prometo pronto recompensarte!

¿Sabes qué es lo que más admiro de ese niño, Alejandro? Que nunca se dio por vencido, que siguió, siguió y siguió, necesito que no me abandones, que sigamos, este adulto creativo te necesita todos los días, por eso te escribí, para que sepas que no te olvido.

¡Espera, antes de terminar! Agradécele a todas esas personas que durante 29 años has conocido, a esos malos proyectos que te han hecho fracasar porque te vuelven cada vez más humilde, a tus padres, porque soportaron tener un hijo que salía del molde y a pesar de pésimas recomendaciones, nunca te dejaron solo, a tu hermana, porque muchas cosas no hubieran salido, sin cómplices.

Te amo, pequeño Alejandro, gracias por volverme el adulto creativo, sonriente y muy simpático.

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