Actualidad Opinión

Todos los romances merecen bandas sonoras perfectas

El cine surgió para documentar la vida, para convertir los momentos mágicos en instantes perfectos y permanentes que, no sólo merecían ser contados con una fotografía. Estoy seguro que, el creador de la cámara de vídeo era un romántico, no imagino de qué otra forma sentía la necesidad de contar historias perfectas.

 

Los seres humanos somos una colección de instantes perfectos; perfectamente únicos o perfectamente trágicos. A cada acción corresponde una reacción, a cada necesidad una creación. El arte surgió por la necesidad de expresarse, de ser libres.

 

Convivimos con la libertad a diario pero, no sabemos expresarla, nos convertimos en presos; somos presos emocionales, presos digitales, presos artísticos. La libertad se encuentra cuando se deja de creer que se tiene, cuando tus reacciones son basadas en estímulos que no puedes explicar, por eso el amor es libertad, por eso la música nos hace volar.

 

El amor y la música tienen una conexión mística, no existe amor sin música, ni música sin amor. Los seres humanos somos una búsqueda constante, una entrega emocional que, necesita del arte para poder liberarse. Es cierto, existen libertades que te vuelven preso, contrariamente a su concepto natural, existen libertades con las que, ya no puedes dejar de vivir.

Esas libertades merecen ser contadas, merecen que las conviertas en instantes, que sean recuerdos que te dibujen una sonrisa, que sean amores tan imperfectos que, sientas que son únicos e inigualables. ¿Has escuchado que la vida no es perfecta? Soy de los que creen que, en cada imperfección está la perfección, en cada momento que sientes laberintos emocionales estás más cerca de encontrar la salida de lo que crees.

Cada error te acerca a un acierto, cada caída a tu meta final, cada canción a contar una historia cada vez mejor. La música es una invitación a no olvidar y es por eso que, tiene el poder de hacernos emocionalmente frágiles, emocionalmente fuertes o emocionalmente distantes en un abrir y cerrar de acordes.

Las emociones son como los colores, primarias y secundarias y depende de qué color queramos pintar nuestra vida, será el tipo de emociones de los que, seremos presos, la clave está en: Encontrar la salida del laberinto.

La salida del laberinto necesita más personajes; necesita cómplices. La distancia emocional es directamente proporcional a la compatibilidad. El mundo sería un lugar aburrido si tuviéramos una conexión única con todos. Merecemos una historia digna de ser contada.

Merecemos romances que entreguen todo, amores tan imperfectos que, nos hagan suspirar, historias trágicas que tengan un final perfecto, la razón es simple: Hacer de nuestros días momentos que merezcan ser recordados.  

Contacto:

Alejandro Johnson Camacho

hola@soyalex.com

@alexjohnsonc

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