Música Opinión

La banda sonora, pretexto de romances fallidos

Era el 7 de Octubre del 2016, me encontraba de viaje en un pequeño estado al centro de la República Mexicana, uno de esos estados que, involuntariamente han formado parte de mi vida, me encontraba en Tlaxcala, coincidió que ese día tocaba Natalia Lafourcade, 12 años antes la había conocido en ese mismo lugar, ella tocó en la “Feria de Tlaxcala” y yo, yo era un joven de 15 años que colaboraba en un programa de radio.

Cuando conocí a Lafourcade estaba presentando su canción “En el 2000” y yo, tenía un pequeño espacio de 10 minutos en un programa los martes y jueves en una radio universitaria, cada uno tenía su historia; curiosamente 10 años después coincidimos en el mismo lugar, aproveché la oportunidad para sentarme en un bar de Los Portales de Tlaxcala y pedir una cerveza mientras escuchaba “Lo que construimos”.

Nunca fui fanático de Natalia, hasta que me di cuenta de una cosa: Era emocionalmente auténtica y escucharla sin prejuicios y con los ojos cerrados -sí, tengo esa manía, cerrar los ojos todo el tiempo, hasta cuando estoy en la radio- convirtió esa en una de las mejores noches de mi vida.

El amor siempre tiene bandas sonoras y creo que involuntariamente esa noche pasé miles de imágenes al escuchar sus canciones, comencé una limpieza emocional que, hacía falta desde hace mucho.

Era como escuchar que cada verso arrullaba a los recuerdos, un auténtico viaje lírico que, sencillamente me hizo entender una cosa: Somos capaces de evolucionar, de liberar nuestro espíritu y dejarlo flotar gracias al arte.

 

Natalia no lo sabe pero, esa noche fue la culpable de colocarle una banda sonora a mi museo emocional, era simbólicamente un “adiós” programado que, alimentaba el alma. Un digno ritual de iniciación y culminación.

Armar un rompecabezas musical, dejar que cada pieza construya simbólicamente esos instantes que marcaron tu vida y te convirtieron en lo que decidiste ser, ser único y libre, libre para poder creer y crear, libre para recomenzar.  

Pudo haber pasado en algún otro concierto, no lo dudo, pero pasó con ella; con la auténtica, con la que es capaz de dejar las críticas a un lado y sorprendernos con cada disco, con una madurez musical inigualable.

 

 

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