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Después de 17 años Terry Gilliam acaba el rodaje de su Quijote

“Hacer mi versión de Don Quijote es una obligación médica. Es un tumor cerebral que tengo que extirpar como sea”. Terry Gilliam respondía así a una pregunta de este diario sobre su The Man Who Killed Don Quixote en una entrevista el pasado verano por la edición española de sus memorias,Gilliamismos. “Don Quijote es peligrosísimo para cualquier adaptador porque acabas convertido en el personaje. Y vives en un mundo que no es el tuyo. Se ha vuelto en algo obsesivo, enfermizo y es lo más que voy a contar”. Al menos una parte Gilliam la lleva por buen camino. El viernes el director filmó, tras nueve semanas de rodaje, el último plano de su proyecto, con lo que al menos ya existe un material en bruto. El cineasta anunció este momento en su Facebook y la productora española Tornasol lo confirmó, por boca de una de sus responsables, Mariela Besuievsky, a EL PAÍS el sábado.

En Facebook, el artista escribió “Sorry for the long silence. I’ve been busy packing the truck and am now heading home. After 17 years, we have completed the shoot of THE MAN WHO KILLED DON QUIXOTE. Muchas gracias to all the team and believers. QUIXOTE VIVE!”. Con el mensaje celebraba así el final de su filme más querido, y al que más años ha dedicado.

Dibujo para EL PAÍS de Terry Gilliam con su Quijote ideal.
Dibujo para EL PAÍS de Terry Gilliam con su Quijote ideal.

En la mente de Gilliam el proyecto lleva en marcha desde 1991, con lo que hasta esta versión protagonizada por Adam Driver, Jonathan Pryce y Olga Kurylenko, ha habido muchos actores comprometidos con el filme, muchos intentos e incluso un rodaje de seis días en octubre de 2000 en el desierto de las Bardenas Reales. En aquel momento los protagonistas eran Johnny Depp y Jean Rochefort, y el rodaje -tal y como quedó registrado en el impresionante documental Lost in La Mancha– acabó derrotado por las fuerzas de la naturaleza en forma de lluvias torrenciales, los ruidos de los aviones de la OTAN que sobrevolaban el rodaje y la falta de presupuesto: de los 40 millones de euros teóricos se pasó a a 32 millones reales, para sorpresa de su director.

En este tiempo el argumento ha variado, y ahora no hay tanto viaje al pasado. Al inicio de esta última versión, su protagonista, Toby (Johnny Depp en el primer rodaje; posteriormente Ewan McGregor, Jack O’Connell y ahora Adam Driver), es un joven cineasta idealista que quiere rodar su versión del Quijote en un pueblo español. Años después, se ha convertido en un arrogante publicista, corrompido por el dinero. Vuelve a España a grabar un anuncio, se ha liado con la esposa de su jefe, y lucha contra el mal tiempo y su propio ego. Un gitano aparece con una copia de su viejo filme estudiantil. Toby decide regresar al pueblo donde lo filmó y donde el viejo que encarnó a su don Quijote (Jean Rochefort, Robert Duvall, Michael Palin, hoy Jonathan Pryce) se ha vuelto loco pensando que es el auténtico caballero de la triste figura, y que tras una serie de calamidades confunde a Toby con Sancho Panza. Ambos, por diferentes motivos, saldrán de viaje a buscar a Dulcinea. Junto a Driver y Pryce están Óscar Jaenada, Rossy de Palma (que había estado en 2000 y vuelve a enrolarse), Olga Kurylenko, Eva Basteiro-Bertoli (Pa negre) y Stellan Skarsgård (que encarna al jefe de Toby). Durante once semanas y con 16 millones de euros de presupuesto, han rodado en Toledo, Madrid, Tomar (un pueblo cerca de Lisboa) y Fuerteventura. En la producción, además de Tornasol con Gerardo Herrero y Mariela Besiuesky, están Amy Gilliam (hija de Terry) y el mítico Jeremy Thomas.

Y eso que en los últimos días se le han cruzado por el camino más problemas. Durante el festival de Cannes, el anterior productor del proyecto, el portugués Paulo Branco, de Alfama Films, anunció que había ganado un juicio contra la actual producción. Branco había publicitado el proyecto en el certamen de Cannes de 2016 con Gilliam antes de dejarlo paralizado en octubre, momento en el que los coproductores españoles decidieron dar un paso adelante y seguir con el filme. En la sentencia de un tribunal parisiense a la que ha tenido acceso EL PAÍS, al contrario de lo que anuncia Branco no se le da la razón al portugués ni se permite paralizar el proyecto, sino que solo le reconoce su demanda en un aspecto formal de su relación contraactual con Gilliam -no con el proyecto-, por lo que la productora Tornasol asegura no entorpecerá el buen devenir de The Man Who Killed Don Quixote.

Jonathan Pryce y Terry Gilliam, en el rodaje.
Jonathan Pryce y Terry Gilliam, en el rodaje.TORNASOL

ACTUALIZACIÓN: en un comunicado de la productora Tornasol, Glliam apunta: Don Quijote es un soñador, un idealista y un romántico, decidido a no aceptar las limitaciones de la realidad, avanzando sin importar los contratiempos, como hemos hecho nosotros desde el comienzo de la producción. Hemos estado trabajando en esto durante tanto tiempo que la idea de terminar de rodar esta película es bastante surrealista. Cualquier persona sensata habría renunciado hace años, pero a veces los cabezotas soñadores ganan al final, así que doy las gracias a todos los creyentes que se han unido para hacer realidad este sueño”.

Vía: El País

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